221 palabras sobre el amor entre Emil Zatopek y Dana Zatopkova

Emil tuvo una adolescencia difícil en la Checoslovaquia de los años 30. Su padre odiaba el deporte porque sólo queria que su hijo trabajase. El joven Zatopek no tuvo otra que olvidarse del atletismo, hasta que consiguió un empleo en una fábrica de zapatillas. Era durísimo hacerlas para otros, sentir su tacto y no ponérselas; no existía frustración mayor (59). Volvió a correr. En los años 40 ya batía marcas nacionales; se empezó a forjar la leyenda. Dos medallas en los Juegos de Londres 1948. Helsinki 1952 fue la gran cita. Oro en 5.000, 10.000 y maratón. Una hora después de su victoria en los 5.000, Dana Zatopkova, su esposa, ganó en lanzamiento de jabalina. Mismo día, misma medalla. Dana y Emil estaban predestinados. Nacieron el mismo día, 19 de septiembre de 1922. Ambos en Moravia. Juntos en el triunfo deportivo y en la represión política (145). Las ideas reformistas de Emil durante la Primavera de Praga no gustaron nada en el Partido Comunista checoslovaco, que lo puso en la lista negra. Tuvo que ganarse la vida como barrendero unos años, hasta que el partido “perdonó” su error. Murió en democracia, en 2000, y su inseparable Dana no ha superado el golpe. Hoy, con 89 años, tiene la mirada perdida y barre su casa con la jabalina de Helsinki como palo de escoba. (221)