221 palabras sobre aquel frustrado fichaje de Masakiyo Maezono y un marcador por el Sevilla

Verano. 1996. El fútbol ya se había quitado la careta y había pasado de deporte a negocio total. Rosendo Cabezas, de los mejores ojeadores de la historia, trabajaba para el Sevilla y fue a Japón a por Masakiyo Maezono. Tras acertar con Simeone, Zamorano o Suker, su criterio era la Biblia, y dijo Rosendo que aquel mediapunta japonés podía valer. Por entonces era uno de los referentes del incipiente fútbol nipón de los Miura o Nakata, pero traer a un asiático seguía viéndose raro. El sevilla se hizo con una opción de compra y queria verlo en los JJOO de Atlanta para decidir su fichaje. Pero la realidad es que el club estaba más interesado en la mercadotecnia que en el fútbol. Una empresa japonesa iba a costear el fichaje y a pagar al Sevilla para que Maezono jugara en Nervión, a cambio de publicidad y construir un enorme marcador electrónico en el Sánchez-Pizjuán. Negocio redondo, fuera bueno o malo el futbolista. Los medios locales no hablaban de otra cosa, pero finalmente el fichaje no se hizo. Y no perdió mucho el Sevilla. Maezono se quedó en Japón, pasó de puntillas por Brasil y se retiró en Corea. Sus números con la selección de Japón lo dicen todo. Un solo gol en partido oficial, contra Uzbekistán en la Copa de Asia.