221 palabras regaladas por Marciano Durán
Luther Blissett fue un intrascendente delantero del Milan. (51) Inspiró a un colectivo de artistas que hizo sabotaje informativo allá en los 90.
Todos los textos de este blog tendrán 221 palabras o 221 caracteres. (175) Los goles que metió el Blissett real en toda su carrera. (221)
Segui @cafeblissett


¿Qué entendemos por un partido perfecto?
¿Deseamos que nuestro equipo se haga dueño del campo vapuleando al contrario desde el primer momento con una goleada avasalladora?
No. Queremos un juego igualado que nos depare muchos reveses emocionantes.
Deseamos, en efecto, una estructura en tres actos.
En el primer acto, evidentemente, nuestro equipo se adueña del campo y se impone al contrario; antes de que este orgullo se convierta en arrogancia, ocurre algo: nuestro equipo comete un error. (77)
En el segundo acto de este partido perfecto, nuestro equipo, confuso y abatido, olvida los principios de cohesión, estrategia y destreza que le hacían fuerte. Cualquier esfuerzo para resarcirse fracasa. Y justo cuando creemos que la suerte empieza a cambiar, se produce un penalti o una decisión arbitral que nos devuelve al punto de partida. ¿Podía haber ocurrido algo peor? (138)
Pero… un momento: cuando todo parece irremisiblemente perdido, llega la ayuda (tercer acto) desde un flanco inesperado. Un jugador hasta entonces considerado mediocre sale con un bloqueo, una escapada o un lanzamiento que proporciona el atisbo (un atisbo ¡atención!) de una posible victoria. Último minuto: Gol.
Racionalizamos el desarrollo del partido de la misma manera que lo hacemos con una obra de teatro. Y es que, en definitiva, es un drama que tiene un significado para nuestra vida. Si no, ¿Por qué lo vemos? (221)

1978, Argentina inaugura su mundial de fútbol. Borges le plantea un pulso colocando a la misma hora una conferencia sobre la inmortalidad. Borges mostró su odio al fútbol en una frase que muestra mucho mas de él “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”. (221)

Jean Echenoz escribe sobre nombres. En su hogar se oía música. Ravel fue lo primero que escuchó en su infancia y el libro que le llevó a la fama. Cuando buscó una nueva vida que contar, llegó al corredor Emil Zatopek. Y comenzó a escribir sin correr ni un solo kilómetro. (221)
El fútbol lo importé yo a España. En una partida histórica, celebrada en Aranjuez, fuimos porteros el conde Romanones y yo, y ofició de árbitro don Segismundo Morest. Empatamos los dos equipos: el Ría de Arosa y el Alcarria. El desempate -que tuvo lugar en el Ateneo, y en el que ganamos, por tres puntos, los del Ría de Arosa- fue algo épico”.
— Ramón María del Valle Inclán, diario Ahora.
“Esos Locos que Corren” Marciano Durán (illustrations from James Jarvin)

El exagerado Alfredo Bryce Echenique toma el fútbol para explicar mucho más. Cuenta la narración de un partido de fútbol entre la todopoderosa Brasil y un humilde Perú narrado al micrófono por un entusiasta: “Ataca Perú, ataca Perú, ataca Perú…y gol de Brasil”. (221)