221 sobre el miedo y el Tourmalet de Lapize

La primera ascensión al mítico Tourmalet llegó al Tour como un puñetazo sobre la mesa. Los organizadores querían que el Tour fuera la prueba más dura jamás realizada y se sorprendieron cuando algunos ganadores declararon que sus trabajos diarios eran más duros que aquél “paseo en bici”. Nunca sabremos si aquello era algo más que una provocación, pero los organizadores respondieron colocando en el recorrido la montaña más dura. Tourmalet significa, literalmente, “camino de mal retorno”. (76)
El día señalado llegó y la subida vino precedida de una charla de los organizadores. Nadie sabía si realmente podía subirse en bicicleta y más aún cuando se coronaba en una etapa de más de 300km que finalmente se recorrería en 14 horas.
En la línea de salida se advirtió de los peligros, de las rocas y la nieve, las rampas y los osos. Pero entre todas las miradas de temor, sorprendía la concentración de Octave Lapize, que ganaría el Tour de 1910 con el dorsal número 4. Ese era también el número que llevaba el avión que pilotaba en la primera guerra mundial donde murió en 1917. Lapize, el primero en ascender el Tourmalet, no mostraba temor ante las posibles desgracias que podía suponer subir aquella montaña. No mostraba temor ante aquellas frases, sencillamente porque Lapize era sordo. No sabía qué debía temer. (221)

Por lo que cuentan de él, debía tener la clase de George Best, la mala cabeza de Maradona y la crueldad de Vinnie Jones. Adicto y genio, otro más, Robin Friday no nos suena mucho porque apenas hay cuatro imágenes de sus hazañas. Londinense de extraradio, probó en las categorías inferiores de Crystal Palace, QPR y Chelsea, pero nunca jugó en primera. (62) Como semiprofesional dicen que se vistió del Walthamstow, Hayes y Enfield, pero su leyenda comienza en 1974, cuando llega con 22 años al Reading, entonces en la Third Division. 121 partidos y 46 goles, uno de ellos con un control de espaldas y lejana volea sin dejarla caer que acaba en la escuadra. El árbitro tardó en darlo porque se quedó de piedra y con las manos en la cabeza. No está grabado. ¿Su vida? Alcohol, cocaína, heroína, comuna hippie, peleas, arrestos… Una noche apareció clavado en una verja con el hierro atravesándole la espalda. Vivió de milagro. Indomable, con 24 se fue al Cardiff y jugó sus últimos partidos. Se retiró a los 25 y murió a los 38 de un ataque al corazón, obviamente (189) provocado por una sobredosis. Su historia se sigue relatando en conversaciones de pub, y su banda sonora es un single de los galeses Super Furry Animals, “The man don’t give a fuck”. (221)
